domingo, 15 de febrero de 2009

"La ceiba de la memoria". Roberto Burgos Cantor

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ntcgra@gmail.com Cali, Colombia.
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ACTUALIZACIÓN A OCTUBRE 3, 2010:
*** 4 de Octubre, lunes, CALI, 6:00 PM
--> “La ceiba de la memoria: nueva expresión de la Novela Total”. Por Kevin Alexis García.
Sustentación pública de la Tesis de Maestría. Contenido. El evento contará con la presencia del escritor Roberto Burgos Cantor, premio Casa de las Américas 2009. Organiza e invita la Escuela de Estudios Literarios y la Maestría en Literatura Colombiana y Latinoamericana de la U. del Valle. Lugar: Universidad del Valle, sede Meléndez. Edificio 386, auditorio Germán Colmenares. Hora: 6:00 PM. Entrada libre. Tarjeta. (Enlaces NTC ... sobre la novela y su autor: "La ceiba de la memoria". Roberto Burgos Cantor , http://ntc-narrativa.blogspot.com/2009_02_15_archive.html y ROBERTO BURGOS CANTOR. "Memoria Sin Guardianes" , http://ntc-narrativa.blogspot.com/2009_12_03_archive.html )
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Actualización a Dic. 3, 2009
"ROBERTO BURGOS CANTOR. Memoria Sin Guardianes"
Libro-homenaje a RBC
Edición y compilación: Ariel Castillo Mier y Adriana Urrea Restrepo
Ver:
http://ntc-narrativa.blogspot.com/2009_12_03_archive.html
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“Poetas. Sí. La savia de La ceiba es la poesía,
desde afuera hacia adentro, …”


La ceiba de la memoria
Casa de las Américas, 2009, La Habana
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Cuando leí La ceiba de la memoria (2007), casualmente acababa de leer El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince. En la mente tenía fresco el país de la violencia y de la desmemoria visto a través de la prosa poética.

A propósito de que la novela de Roberto Burgos Cantor fue escogida el miércoles por la Casa de las Américas, en La Habana, como ganadora del Premio de Narrativa José María Arguedas*, es oportuno analizar por qué esta obra, exaltada también en la feria del libro de Madrid del año pasado, condensa como pocas la necesidad de volver sobre nuestra historia para reconocernos, además de explorar la condición humana.

Desde el punto de vista histórico, seguramente es la obra que mejor documenta la Cartagena de Indias del siglo XVII, con la esclavitud de una sociedad colonizada como eje narrativo. “Le dediqué más de un año a la investigación”, me cuenta Burgos y me parece poco para la precisión con que entreteje detalle tras detalle, desde la proa de un galeón hasta un remedio de Paracelso.

Para lograr su cometido se vale de cinco personajes principales que definen la estructura de la novela en cuatro partes y 49 capítulos, en los que las introspecciones abren “la historia invisible” que el autor dice haber intuido antes de entregarse a la aventura de reconstruir el pasado de la ciudad de sus raíces.



Conmueve especialmente la doble reflexión sobre el oficio de la escritura desde Thomas Bledsoe y Alonso de Sandoval. Ya en puerto seguro, Burgos siente que salió a navegar encarnado en Bledsoe, y estoy de acuerdo porque representa la incertidumbre permanente, uno de los interrogantes mayores de La ceiba: ¿tiene sentido hoy escribir novela histórica? Y la respuesta es un Sí mayor. Cuatro siglos después de los hechos aquí ficcionalizados, la epopeya de las negritudes congregadas en el Caribe colombiano se convierte no sólo en un documento literario e histórico sino en una denuncia para nunca olvidar lo que alguna vez ocurrió.


Foto y texto: http://www.eluniversal.com.co/noticias/20090213/ctg_cul_roberto_burgos_cantor_gana_premio_casa_d.html lo mismo que la de más adelante con GGM.

La otra voz que va y viene sobre el oficio de construir “el árbol de las palabras” es la del jesuita De Sandoval. Un intelectual europeo en constante conflicto ético-moral hasta el punto de que la Inquisición termina persiguiéndolo. Enfrenta las mismas dudas que un pensador contemporáneo y es por eso que el uso de la segunda persona en sus intervenciones genera la distancia necesaria para identificarse con él o disentir. Para Burgos representa el “buscar congruencia entre los pensamientos y los actos”.

La ceiba también es un homenaje a la estética y al raciocinio. Impacta al lector cómo se construye esa comparación entre lo que fue el holocausto judío en Auschwitz y el esclavismo en el Nuevo Mundo. Dice el escritor: “Me di cuenta de que ese mundo estaba sumergido y valía la pena estructurarlo con una polifonía de voces”.

Cuenta que la voz que más le generó problemas de reescritura fue la de Analia Tu-Bari, la mujer que representa el drama de los esclavos. Le digo que fue la que más rápido me cautivó, tal vez por su lenguaje eficaz, sus pensamientos cortos, desgarradores, la belleza de sus lamentos, el sufrimiento de sus últimos días, la paradoja de su libertad tardía, su ceguera. Le demandó más rigor que inspiración puesto que debía elaborar a través de ella el pensamiento y el lenguaje africano para acoplarlo a una ciudad donde se llegó a hablar 700 lenguas.




Como siempre, parte del éxito de esta novela radica en la biblioteca del autor, empezando por antropólogos especializados en afronegritudes y siguiendo con un compendio de poetas africanos que han estado en el Festival de Poesía de Medellín. Con Analia no podía decaer su propuesta lingüística que marca en cada frase la musicalidad del dominio de la palabra exacta, signo de madurez literaria. La voz reflexiva de Dominica de Orellana también logra su cometido porque es por la mujer y por lo que representa para las tradiciones culturales que Roberto decide que ella represente a La ceiba que riega con su savia el entorno.

¿Qué otras influencias obran en el crecimiento de La ceiba? Burgos hace un apartado especial para el Nobel de la isla de Santa Lucía, el gran Derek Walcock, “el Homero del Caribe”. Nadie como él ha pintado en versos la historia negra en América. En esa pluma encontró pistas para plantear la fragmentación del tiempo del relato, que nace en el presente, acude al pasado y se vale de un futuro a partir de las advertencias a De Sandoval. No menos importante fue para él reencontrarse con Saint John Pierce y su visión de “la dignidad del negro”. Poetas. Sí. La savia de La ceiba es la poesía, desde afuera hacia adentro, incluyendo a Álvaro Mutis, otro artesano de la palabra que ha marcado a Burgos desde sus comienzos.

Y si de créditos se trata, Roberto insiste en Manuel Zapata Olivella, quien le publicó su primer cuento y cuyos estudios realistas de las negritudes impulsaron esta obra. Le aportaron otro personaje trascendental: Benkos Biohó. Aquí el mérito radica en levantar una vida desde la leyenda que todavía se centra en si este símbolo de los negros existió o no. En La ceiba existe y persiste, como un grito creciente, la voz de los esclavos silenciados. Distinto ocurre con Pedro Claver porque es un personaje muy cercano a Burgos, a la Cartagena sometida, la imagen del hombre que se sacrificó por los desvalidos.

Desde la contraposición de esclavitud y libertad se empieza a configurar la gran metáfora que hace imposible que al leer esta hermosa novela no se piense en nuestra guerra, en los derechos humanos, en apropiarse de ese sentimiento de solidaridad —como piensa Roberto— que condena “todas las afecciones contra el ser humano”.

Otro significante definitivo es el mutismo, que comienza con la agonía callada de los esclavos y termina manifestándose en “el silencio de Dios” de Pedro Claver. Resuena la voz de Roberto Burgos: “Esa mudez de una época es el elemento que me condujo a la necesidad poética de escarbar la memoria”.


Cuentista y abogado

Nació en Cartagena el 4 de mayo de 1948. Se dio a conocer a través de revistas como Vanguardia, la página cultural del periódico El Siglo y Letras Nacionales. Estudió derecho y ciencias políticas en la Universidad Nacional de Colombia, profesión que ha ejercido regularmente. En 1971 obtuvo el primer premio del concurso Jorge Gaitán Durán, del Instituto de Bellas Artes de Cúcuta.

Entre sus obras se encuentran las novelas El patio de los vientos perdidos (1984), El vuelo de la paloma (1992), Pavana del ángel (1995), Señas particulares (2001) y los cuentos Lo amador y otros cuentos (1985), De gozos y desvelos (1987), Quiero es cantar (1998), Juegos de niños (1999), Señas particulares: testimonio de una vocación literaria (2001) y La ceiba de la memoria (2007), obra por la que fue invitado especial a la Feria del Libro de Madrid del año pasado. Es profesor de la Maestría de Escrituras Creativas de la Universidad Nacional, está terminando un nuevo libro de cuentos y se prepara para otra inmersión en la Cartagena desconocida, que volverá a ser tema de su próxima novela.
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“El último resguardo de la resistencia”. Reseña sobre “La ceiba de la memoria”
Por Kevin Alexis García < kevimaster@gmail.com >
VER: http://periodismoyliteratura.com/burgos.htm y http://lapalabra.univalle.edu.co/Roberto_burgos.htm y http://poligramas.univalle.edu.co/28/10KevinAlexis.pdf
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· Premio Literario Casa de las Américas 2009 Premios especiales
PREMIO DE NARRATIVA JOSÉ MARÍA ARGUEDAS 2009
http://www.casa.cult.cu/premios/literario/2009/premios.php?pagina=premios
La ceiba de la memoria
Roberto Burgos Cantor, Colombia
ROBERTO BURGOS CANTOR (Cartagena de Indias, 1948)
Narrador, inició su carrera literaria publicando cuentos en revistas y periódicos de su país como Vanguardia, la página cultural de El Siglo, y Letras Nacionales. Estudió derecho y ciencias políticas en la Universidad Nacional de Colombia, profesión que ha ejercido regularmente. Es autor, entre otros, de los libros: Lo amador (1980); El patio de los vientos perdidos (1984); De gozos y desvelos (1987), El vuelo de la paloma (1992), Juegos de niños (1999) y Señas particulares: testimonio de una vocación literaria (2001).
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Argentina y Bolivia ganan premios literarios Casa de las Américas 2009
El boliviano Claudio Ferrufino-Coqueugniot conquistó el galardón en novela con El exilio voluntario, mientras que el de literatura testimonial fue para Eduardo Rosenzvaig por Mañana es lejos.
AFP, Publicado: 12/02/2009 00:04 http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2009/02/12/argentina-y-bolivia-ganan-premios-literarios-casa-de-las-americas-2009
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La ceiba de la memoria , Roberto Burgos Cantor * Seix Barral, 2007 409 páginas
POR Nahum Montt**
Tomado de Arcadia Libros, Abril de 2.007. Pag. 59.
Reprodujo y difunde: NTC … Nos Topamos Con … http://ntcblog.blogspot.com/ , ntcgra@gmail.com Mayo 22, 2007

Uno de los deberes del escritor, dijo Faulkner en su discurso de aceptación del Nobel, es ayudar al hombre a resistir y a prevalecer, "elevándole el corazón, recordándole el coraje y el honor y la esperanza y el orgullo y la compasión y la piedad y el sacrificio que han sido gloria del pasado."

Esta premisa adquiere resonancia en una novela como La ceiba de la memoria , de Roberto Burgos Cantor, donde se explora la posibilidad de reconstruir la historia de Cartagena del siglo XVII a través de una estructura compleja de voces simultáneas, voces que se fragmentan y superponen de manera similar a Mientras agonizo, de William Faulkner.

Diversidad de tiempos y atmósferas confluyen en este relato polifónico, donde se entrecruzan monólogos alucinantes, evocaciones poéticas y descripciones de un mundo en ruinas; testimonios de la búsqueda literaria de Thomas Bledsoe, escritor obsesionado con el proyecto de una novela sobre Pedro Claver, santo que dedicó su sacerdocio a cuidar a los esclavos en la Cartagena de aquellos tiempos.

"Cada realidad se asoma a la vida -descubre Bledsoe-, con una lengua propia construida de gritos y silencios, de olvidos y memorias, balbuceos y llanto, palabras que son emblemas, árboles, tierras, casas, frutas, corrientes de agua, mareas y oleaje de bajamar".

Y es aquí donde el lenguaje adquiere protagonismo en el relato de Burgos Cantor, pues las palabras portadoras de memoria, crecen, extienden sus ramas y amarran en una continuidad dolorosa los tiempos de la trata de negros del siglo XVII en la Cartagena de Indias con el genocidio judío en el campo de concentración de Auschwitz, en el siglo XX; como si la historia de la humanidad fuera una ceiba, un árbol frondoso que echa sus raíces en las infamias cometidas tres siglos atrás.

Los personajes son la savia de esta ceiba: perdidos ante la indiferencia de la cotidianidad, torturados por el silencio de Dios, testigos de la agonía de un santo; esclavos ahogados entre gritos de locura y libertad, mujeres obsesionadas con palabras que nunca escribirán y un narrador caribeño que visita las entrañas de Auschwitz. Personajes enfermos de mar, marcados por el hierro del fracaso y el olvido, pues "la vida humana cumplirá su ciclo con sigilo. La tierra cubrirá los restos. Sembrarán las ceibas los días de llanto por los muertos y allí, en su altura y su sombra, y su tallo más grande que un abrazo, pondrán la memoria de las acciones. Se irán unos y llegarán otros." Y, como lo dijo Faulkner, el hombre resistirá.
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*Roberto Burgos nació en Cartagena en 1.948 y publicó Lo amador, su primer libro de cuentos, en 1.981.
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**Escritor.
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"La Ceiba de la Memoria" de Roberto Burgos Cantor
Palabras de presentación en la Feria del Libro, aparecidas en Cronopios.
ALBERTO DUQUE LÓPEZ * Mayo 6, 2007
http://www.eluniversal.com.co/noticias/20070506/spl_dom_la_ceiba_de_la_memoria_de_roberto_burgos.html
Foto http://www.eluniversal.com.co/noticias/20070506/spl_dom_la_ceiba_de_la_memoria_de_roberto_burgos.html

Desde niño, cuando su padre lo llevaba a recorrer los oscuros y frescos aposentos del convento de San Pedro Claver, en Cartagena de Indias y adivinaba los gritos de agonía y dolor de los esclavos rescatados de la muerte por ese jesuita español que permaneció 38 años en una ciudad donde solo queda su cuerpo incompleto y saqueado.

El escritor Roberto Burgos Cantor (57 años), se ha sentido fascinado con un personaje que ahora regresa en su espléndida, madura, extensa y contagiosa novela, La ceiba de la memoria, lanzada por editorial Planeta como celebración del idioma en la Feria del Libro.

Y es que la escritura de este autor que tiene otros libros alabados (Lo Amador, cuentos, 1980; El patio de los vientos perdidos, novela, 1984; De gozos y desvelos, cuentos, 1987; El vuelo de la paloma, novela, 1992; Pavana del ángel, novela, 1995; Quiero es cantar, cuentos, 1998; Juegos de niños, cuentos, 1999; Señas particulares, testimonio de época, 2001), es el mejor homenaje a un idioma que maneja como pocos para reconstruir personajes e historias ubicados en ese escenario delirante de una ciudad donde el aporte cultural de su familia ha sido valioso.

Esos recuerdos infantiles sobre Pedro Claver estallarían de nuevo durante varias semanas de 1997 mientras compartía la agonía de su padre, enfermo en el hospital Naval: entonces para sentirse menos solo, se iba caminando hasta el convento, entraba a la capillita y se sentaba a pensar en el padre y la historia de ese santo defensor de esclavos. Como la ficción y la realidad se muerden la cola, varios años después, como director del Museo de Arte Colonial en Bogotá, se emocionaría al descubrir otro rastro del santo personaje: la capillita de indios que se conserva intacta. Demasiadas coincidencias.

Alimentada con las voces de Pedro Claver, Alonso de Sandoval (sociólogo de la esclavitud y su maestro), un historiador contemporáneo, los esclavos, los notarios y otros personajes de esa Cartagena de un siglo XVII que prospera con el comercio de la esclavitud, la novela trasciende la época y contempla también el Holocausto y la barbarie contemporánea, y enseña la obra creadora de un escritor en pleno dominio de sus técnicas y fijaciones narrativas.

Esta es la historia de alguien que quiere escribir una novela sobre el siglo XVII y se topa con Claver (Lérida, 24 de junio de 1580 – Cartagena de Indias, 8 de septiembre de 1654), descubre que el santo no dejó papeles escritos (apenas una carta a su familia), lo rastrea en la Biblioteca Vaticana, siente que está perdido, utiliza el recurso más simple pero efectivo: escribirle una larga carta al santo, reconociendo que no podrá responderle ni leerle, sin saber a quién le escribe, preguntando sin encontrar respuestas, comprobando que el santo permaneció 38 años en esa tierra, dejó pocos rastros y sintió que, cuando quiso irse, ya no pudo….

Y en medio de esas voces cargadas de soledad y dolor, el autor de la ficción descubre algo más terrible y oscuro, que existe una relación estrecha entre esa destrucción masiva de los esclavos, y el exterminio ejercido por los nazis en sus campos de concentración, y entonces los recorre en busca de respuestas y se topa, como una metáfora del absurdo, con la maleta que llevaba la hermana de Kafka rumbo a su muerte, marcada con letras blancas.

Si alguien quiere acercarse al motivo físico de este libro espléndido, basta que entre a la iglesia de San Pedro Claver en Cartagena de Indias y descubra, bajo el altar, ese esqueleto saqueado, destrozado y conservado en pedazos por sus fieles, quienes propagaron una leyenda terrible: que el personaje había sido enterrado vivo. Su proceso de canonización, a pesar de las curaciones públicas, se tomaría más de un siglo.

Claver, según el personaje de la novela, es la voz perdida de los esclavos. Burgos Cantor, en un impulso de justicia literaria, camina de la mano con sus personajes, desciende a las bodegas de los barcos negreros, transmite la descomposición de los cuerpos, el dolor de las heridas, las lágrimas y el hambre, reconstruye las calles de una ciudad que en el fondo sigue siendo igual e injusta, entra y sale de la pequeña y desnuda habitación del santo en el convento, se queda en la enfermería, presencia las curaciones, y siente que después de tantas páginas, lo mismo que su personaje que escribe, nunca llegará a conocer el laberinto insondable de ese hombre que ejerció uno de los oficios más escasos, dolorosos y aparentemente inútiles: la compasión, la misma que padece Burgos Cantor ante un personaje formidable como éste, compasión que le nació desde niño, alimentó durante largos años, estalló mientras presenciaba la agonía del padre y ahora se materializa en una novela que, sin duda alguna, es el acontecimiento literario del año.

Que el lector no se asuste ante la extensión de esta novela. Burgos necesitaba muchas páginas para narrar, con un dominio brillante y espectacular del idioma castellano (las descripciones de la peste con sus síntomas y heridas y lágrimas y dolores recuerdan algunas páginas de Fernando del Paso en Palinuro de México porque están cargadas de imágenes inquietantes), la saga de este personaje controvertido y a través de tantas voces de tantos personajes alcanza esta crónica que puede ser considerada, esa sí, una de las más grandes novelas colombianas y latinoamericanas de los últimos años.
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* Alberto Duque López
(Barranquilla, 1943). Escritor y crítico de cine. Ha publicado las novelas Mateo el flautista (premio Esso 1968), Mi revólver es más largo que el tuyo, El pez en el espejo, Alejandra y Muriel, Mi amor. Otros libros son Barranquilla, Por nuestros niños y Colombia, país de flores. Estas fueron sus palabras de presentación en la Feria del Libro, aparecidas en Cronopios.
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*** Las voces de la esclavitud *: “La ceiba de la memoria”
Por: Pablo Montoya
Revista Aurora BOREAL, (España y Dinamarca) Mayo 2009, No. 6. Pág. 52 a 54.
http://www.auroraboreal.net/index.php?option=com_content&view=article&id=239:las-voces-de-la-esclavitud&catid=86:libros&Itemid=266
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Actualizó: NTC … / gra . Febrero 15, 2009 9:08 AM / Nov. 24, 2009. 8:32 PM

3 comentarios:

Lina María dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Lina María dijo...

Estoy muy contenta con este Premio a La ceiba de la memoria, que también es un reconocimiento a una vida literaria a la que Roberto ha entregado sus conmociones estéticas. Bravo Roberto, por los lectores que te seguimos y por los escritores que apreciamos tu literatura. Lina María Pérez Gaviria

NTC dijo...

Sobre Lina María Pérez Gaviria, ver: http://ntc-narrativa.blogspot.com/2009_02_14_archive.html