lunes, 2 de mayo de 2016

Nadaístas en la Feria. Jotamario Arbeláez / FILBo 29, 2016

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Nadaístas
en la Feria

Jotamario Arbeláez


La Universidad Eafit, que dirige Juan Luis Mejía, en asocio con la Fundación Otraparte —que vela por las obras del maestro Fernando González y de su amado y adelantado discípulo Gonzalo Arango—, y la Universidad de Antioquia, lanzaron en la Feria Internacional de Libro de Bogotá las nuevas ediciones del “profeta” Arango tituladas Obra negray Última Página *, compilaciones antológicas realizadas en su momento, años 1972 y 2000, por los poetas Jotamario Arbeláez y Jaime Jaramillo Escobar. La primera recoge una amplia gama de textos nadaístas propiamente dichos, en momentos en que el fundador del movimiento derivaba hacia el misticismo. La segunda, prosas publicadas en la revista Cromos durante un largo periplo. El fervor por Gonzalo crece como la espuma, según lo han podido refrendar los monjes juguetones que reclutara cuando eran adolescentes y que ahora oscilan entre  los 70 a los 90 años, de Jan Arb a Elmo Valencia, sin perder la irreverencia y la jugarreta. “Usted es joven, luego es nadaísta —rezaba el primer manifiesto—. Usted es nadaísta luego es joven.” Condenados, pues, a la juventud perpetua, así marchan estos condenados poetas. 
          Eafit ha publicado además las Cartas a Aguirre, dirigidas a ese deslenguado abogado y escritor Alberto Aguirre, quien fue recipiendario de las confesiones del joven Arango cuando en 1957, en Cali, fraguaba desde la oficina del publicista Hernán Nicholls, donde le daba dormida como a cualquier Bartleby, los rudimentos de su estrepitoso movimiento desacralizador. Con ese manifiesto en el bolsillo pudo regresar dignamente a Medellín, de donde había escapado huyéndole a un linchamiento, a reclutar jóvenes desadaptados para su causa perdida. Y las Cartas a Julieta, el itinerario amoroso de un veinteañero seducido por los encantos de una joven de su pueblo, en quien ensaya sus primeros deliquios y con quien va perfilando sus futuras acometidas.  
          El siguiente libro nadaísta en la Feria es El color del Egeo, de ese otro camaján del barrio Obrero de Cali, Armando Romero, quien desde hace 30 años sienta cátedra en la Universidad de Cincinatti, ha publicado 30 libros, por algo es honoris causa de la Universidad de Atenas y ahora marcha a París a presentar su antología poética en francés. Es una obra digna de Seferiades, así los eternos quejumbrosos digan que debió volcar su estro hacia el río Cali. Sépase que su esposa es griega y sus hijos grecocaleños. Es una publicación de Caza de Libros y de la Agenda Cultural del  Gimnasio Moderno.
          También Caza de Libros presentó la obra poética casi completa de Jan Arb, el hermano escamoso de Jotamario, que reúne 50 años de producción, desde que fuera descubierto y proyectado por la revista El corno emplumado, de México, comenzando los años 60. Después entró en un silencio místico pero no cejó en su producción. El volumen es doble y contiene Prendas negras y Poemas en el bus. Para mayor gloria póstuma de doña Elvia y de don Jesús. Y del presuntuoso Jotamario, que se lleva el volumen para presentarlo en París y en China, aparece nada menos que El arte de pedirlo, un manual para que a quien lo lea le vaya bien en los negocios de índole erótica.
          Pero la palma quizás se la lleva el poeta antioqueño Darío Lemos, a quien después de más de 30 años de desencarnado la editorial chilena Mago le publica una segunda edición más que decorosa, preciosa, de su opera prima Sinfonías para máquina de escribir, publicada por Colcultura en 1982, y que ahora aparece con el título sugerido por el mismo autor para el día que se reimprimiera, El valle de la permanencia. Es la celebración del poeta maldito del nadaísmo, “el que no mentiría por obtener el oro”, aunque al final reacciona diciendo que sí lo haría, “para poder regresar, y ver el paisaje, y quedarme dormido sobre esos dos cuerpos. Soledad, refréscame”. 

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* Obra negra y Última Página, compilaciones antológicas realizadas en su momento, años 1972 y 2000, por los poetas Jotamario Arbeláez y Jaime Jaramillo Escobar.
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