domingo, 15 de febrero de 2015

Armando Romero, marcado por “el signo de lo surreal”. Por Óscar Jairo González Hernández. EL MUNDO, Medellín, 14 de Febrero de 2015

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Armando Romero, marcado por “el signo de lo surreal”

El poeta del nadaísmo, narrador, ensayista, traductor y profesor universitario Armando Romero * habló de su último libro de cuentos y compartió detalles de su obra.

Por Óscar Jairo González Hernández, Profesor Comunicación y Lenguajes Audiovisuales, Universidad de Medellín


EL MUNDO, Medellín, 14 de Febrero de 2015.  Palabra y obra


Recorramos su obra, ¿cómo va su trayecto de formación y creación literaria desde un libro como El demonio y su mano hasta La raíz de las bestias, de qué manera relaciona estos dos con La casa de los vespertilios

“La relación que se puede establecer entre estos libros es que obedecen a un impulso de experimentación con el cuento, tratando a veces de llegar a ciertos límites donde lo narrado se entremezcla con la escritura del texto. Es decir, que lo que se cuenta depende de cómo se escribe el cuento. 

Esta búsqueda se orienta por un principio de la mitopoyesis donde una palabra genera la siguiente, y así sucesivamente gracias a una atracción que los surrealistas llamaban azar fortuito. Tal vez en La raíz de las bestias, siendo cuentos cortos, la historia que se cuenta prevalezca. Sin embargo, todos los textos parten de la realidad de una imagen vertida en palabras-claves, que se resuelven a veces poéticamente, otras veces irónica o sarcásticamente”.

-¿Considera que en ellos se mantiene y se incrementa la relación consciente e intencional con lo poético?

“Sí, el juego con lo poético es fundamental en mi narrativa porque la importancia está en el lenguaje y no en las formas o los géneros. Ahora bien, lo poético muchas veces genera un desorden que conlleva un caos intrínseco. Esto es muy peligroso, y creo que en algunos momentos el lector de mis cuentos de esta época, especialmente en la versión original de El demonio y su mano, necesita de una inmensa paciencia para no tirar el libro a la mesa de lo inútil. Solamente el que insiste, el que pasa por los tropiezos de cierta incoherencia en algunos de ellos, puede llegar a comprender que bajo el tumulto del caos hay un orden que conlleva una historia. 

La escritora venezolana Esdras Parra, quien fue una de las personas que abogó por su publicación en Monte Ávila Caracas en 1975, me decía que encontraba en cada cuento el germen de una novela. Pero volviendo sobre las teorías del caos, el escritor cubano Antonio Benítez Rojo, quien prologó una edición antológica de mis cuentos, hablaba de geometría fractal. 

El crítico Eduardo Pachón Padilla me sorprendió cuando al descubrir tardíamente mis cuentos me dijo que lo habían maravillado, y seleccionó de entre ellos el cuento Neuronita para su antología del cuento colombiano, el cual Eduardo García Aguilar también incluyó en su antología. 

Digo esto porque siempre fue para mí una sorpresa que me incluyeran en estas antologías. Un escritor como yo, quien se dedicó a experimentar tan atrevidamente con  un género tan conservador como el cuento, pareciera no merecer este tipo de atenciones”.

-Richard Rorty sostiene que no hay ficción en realidad, y que la invención toda proviene del yo de cada escritor y de su historia: ¿Qué hay de usted involucrado en esa relación realidad/ficción?

“En relación con mis cuentos no creo que tenga una respuesta muy clara con respecto a esto. No así con mis novelas, donde mi vida personal le ha prestado mucho al protagonista. Pero de los cuentos no podría decir lo mismo porque muchas veces desconozco el origen de una historia que se formó a partir de la conjunción de las palabras. Otras veces no, y sí hay una ligera relación que el lenguaje transforma o acomoda a su antojo. 

Es muy difícil definir que es el “yo” de un escritor, dado que todo escritor es un enfermo sano de esquizofrenia. Por eso también habría que revisar el concepto de “ficción” porque si lo oponemos al concepto de “realidad” las fronteras se tornan difusas. Todos los días vivimos entre ficción y realidad, así creamos que tenemos los pies sobre la tierra”.

-¿En qué momentos de radiación esencial (Peter Brook), concibió y se fue formando este libro de cuentos y por qué lo tituló: La raíz de las  bestias

“Creo que si un día aparece un crítico cuidadoso de los pasos que dan mis cuentos a través del tiempo, podrá comprobar que hay cambios dentro de las líneas experimentales que los marcan, pero que estas líneas experimentales tienden a agotarse dadas las limitaciones del autor. 

Esa creo fue la razón de que saltara del cuento semi-largo al cuento corto de La raíz de las bestias. 

Era también una aproximación al poema desde la narrativa, así como en mi poesía había hecho muchas aproximaciones a lo narrativo. Este proceso está signado por una constante insatisfacción con las formas. Una vez que creo haber logrado algo ya es buena hora de empezar otra aventura. Hoy en día escribo cuentos muy tradicionales como prueba de mi constante inconformismo. 

En cuanto al título, salió de esa zona misteriosa que busca relacionar nuestro hacer con lo desconocido. Había en el libro muchos textos donde las bestias relucían, y tal vez de allí surgió el título, el cual tiene un color religioso al fondo.

-¿En qué forma y desde qué perspectiva narrativa se propone usted desarrollar el mundo de lo surreal en este libro y por qué el surrealismo? 

Tal vez aquí debo ser algo autobiográfico. Mi vida ha estado marcada por el signo de lo surreal desde mi infancia, porque ¿a quién se le ocurre ir a nacer en un barrio de Cali, Colombia, en calles rodeadas de prostitutas y ladrones, vendedores de empanadas y fumadores de marihuana? Y más si esta persona va a pasar los días en este mismo barrio leyendo a Proust y a Kafka. Todos los momentos claves de mi vida se deben a asociaciones libres con la realidad o al azar fortuito de los encuentros más inesperados. 

Es por esto que para mí el surrealismo, o la realidad así denominada, prevalece en mis textos que son un exudado de mi existencia. Juan Calzadilla, el poeta venezolano, siempre ha sido muy generoso con mis escritos, y comparto con él ese afecto profundo por el surrealismo. Él, así como otros poetas que han acompañado mi vida, Juan Sánchez Peláez entre ellos”.

-¿Qué surrealismo se trata en su narrativa, cómo lo hace evolucionar y lo dimensiona crítica y estéticamente?

“El surrealismo para mí es más que una corriente literaria y artística de vanguardia. Es, como ya decía antes, una forma de vida.  Yo veo la realidad como algo simplemente surrealista, y así se introduce en mis textos. Pero no es el surrealismo que quieren ver los que predican un realismo mágico, fantástico o socialista. 

Para ellos el surrealismo es una tonta escuela de juegos y malabares con las palabras, con el sueño o con las imágenes. Aquellos que creen saber todo sobre el surrealismo son los que lo desconocen profundamente. Para ellos se reduce a las asociaciones libres del inconsciente o a los “cadáveres exquisitos”. Son por lo regular esas personas que nunca han dado un paso adelante, el que se abre al vacío, a lo inesperado. 

Para mí la falta de eso que se denomina surrealismo pero que es el compendio de lo vital, de la existencia, impide que la narrativa en Colombia salga de ese ritmo de lo ya bailado desde siempre: violencia, crónicas virreinales y de la conquista, sexo, sicarios y narcos, mujeres solitarias mirando por las ventanas, bailarines de salsa, secuestros, y todo lo que busca a un lector compinche, fácil amigo”.

-¿Cómo se provoca y se realiza esa provocación en usted de ser o no su lector, requiere de otro lector, o usted es ese otro lector de sus libros? 

“Este es siempre uno de los grandes problemas en la literatura, la autocrítica severa o el encaramelamiento con la propia retórica. El camino medio es muy difícil de precisar, y requiere de un desdoblamiento que muchas veces nos es inalcanzable. Otro lector es siempre útil, máxime si confiamos en la agudeza y cercanía con nuestro trabajo de este lector. 

García Márquez confió en Jomi García Ascot para su Cien años de soledad. Otros, entre ellos yo, confiamos en nuestras compañeras o compañeros, ya sean esposas o esposos, amantes, pero lo importante es que tengan un criterio propio y no piensen que conviven con un genio. Yo trato de ser muy exigente con mi trabajo y no hago concesiones a los posibles editores. Como no vivo de lo que publico, ni me interesa adquirir una fama a la Coelho-Allende, mi trabajo busca ser lo más honesto conmigo mismo, con lo que creo en la literatura”.

Lo masculino y lo femenino

Así definió Armando Romero la presencia de lo femenino y lo masculino en sus escritos:

“A diferencia de otros escritores, no me siento capacitado para escribir una novela o un cuento desde el ángulo femenino. Para mí la mujer es un gran misterio que nos ilumina, porque ella es la fuente de la creación. Los hombres somos servidores de ese misterio, y así lo creían los antiguos griegos en Eleusis y en el culto de Atenas, y los cristianos en el culto de María, como se puede ver cuando uno visita los santuarios del Monte Athos. 

A veces hay un personaje femenino en algunos de mis cuentos, como en el titulado El sueño elíptico de Dabaibe, de mi libro La esquina del movimiento, pero este cuento es un sueño con una realidad geométrica que va más allá de lo femenino o masculino propiamente dicho. Cuando escribía mi última novela publicada, Cajambre, me sorprendí al darme cuenta de que al final, el personaje importante de la novela era una muchacha negra llamada Ruperta, y que la novela como resultado final es un homenaje a nuestras muchachas del campo o la selva, explotadas por el abandono a que las somete nuestra sociedad”.

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