jueves, 4 de junio de 2015

Plegaria de Jotamario Arbeláez por la salud de Óscar Collazos

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VIENE y COMPLEMENTO DE: 

 29 de mayo de 2015


Plegaria de Jotamario Arbeláez por la salud de Óscar Collazos
Con mucho amor, … una oración para el amigo.

Por:  JOTAMARIO ARBELÁEZ 

EL TIEMPO,  8:08 p.m. | 10 de febrero de 2015

Señor que todo lo puedes porque en Ti el milagro es la norma y que has atendido por siglos los ruegos de los sufrientes en carne propia y ajena y que ejemplo nos diste de repudio a las tentaciones –pues desde la alta colina rechazaste la posesión de todas las maravillas del mundo que el descarado.
Tentador te rendía en bandeja plata si ante él te postrabas a lisonjearlo y antes bien, exigiéndole acatamiento, lo mandaste a freír espárragos–, me permito, sin el mínimo ánimo de ponerte también a prueba, pues de Satanás nada tengo o si acaso algún cuerno de vieja data y algo de rabo de paja con el que aticé la eterna candela, plantearte un pacto de caballeros en el abismo, aunque la diferencia de estampa vaya del cielo a la tierra.
Ante quienes me oyen en este y en los momentos que sigan y en este y en los otros mundos posibles, con toda la solemnidad y el respeto de los que casi nunca hice gala, te propongo un canje sagrado, Señor, que tiene que ver con el contentamiento de un alma restaurada y la recuperación de un cuerpo gozoso pero averiado, a punto de perderse de no ser porque alargues tu mano generosa y preservadora.
Se ha paseado mi alma por todos los horrores que le han brindado mis despeñaderos internos y los campos de mi patria,
y a pesar de ello conserva alientos para comprometerse con el cumplimiento del derrotero que señalaste en piedra a los hombres de tu tribu, que es todo el orbe, para enderezar su torva conducta y reprenderla por esa, la primera becerrada de que se tenga noticia.
La promesa
Prometo consagrarme a la inefable visión de Dios desde que despabile mis pupilas a la luz del sol en el pájaro que lo canta, en el viento que se lleva ese trino, en el árbol que sostiene ese pájaro, en la tierra que alienta ese árbol, en el estiércol que abona esa tierra, en el hombre que produce ese estiércol y acompaña ese canto.
Y mientras duerma también sabré cantar albricias a Dios por haber creado los sueños y las criaturas del sueño,
contempladas las que son parecidas en la vigilia y las que solo en los sueños habitan.
Y a ese Dios prometo adorar sobre todas las cosas a las que el poeta Adán puso nombre y a las que después de él se fueron creando a partir de la palabra del sabio que las pensó y con la cual terminó por bautizarlas porque el dedo no le alcanzaba.
Pero a pesar de amarte, Dios mío, porque tan sagrado como el amor de Dios es el amor del prójimo, al que amaré como a mí mismo, lo cual es casi adorarle, prometo no levantar la mano contra su vida en Tu nombre, ni atentar contra el que no crea en Ti porque vivimos en un Universo de liberaciones deliberadas, ni contra el que de Ti se burlare, pues fuiste Tú quien le concediste el don del sarcasmo y el de la caricatura grotesca.
Desde que era impío y blasfemo me hiciste comprender que con Dios se han hecho muchos chistes, y Él no ha dejado de reír.
Tampoco mataré ni destazaré a palo o cuchillo a ningún otro ser superior viviente, así carezca de alma inmortal, ya sea toro o caballo, can o felino o de cualquier otra especie, porque sería incapaz de volver a hacerlos, ya que ni siquiera de laboratorio dispongo.
En Colombia esto hicimos antes de los largos sesenta años de violencia que padecemos: matar a Dios. Como si así desapareciera la culpa.
A partir de ese deicidio, qué importa contar por millares o por millones los asesinados, desaparecidos, despojados y desplazados.
La diferencia es que Tú tienes la ventaja de resucitar y eso es lo que necesitamos, que resucites entre nosotros y nos traigas la paz, que va siendo hora.
Y nos libres de irnos antes de tiempo, cuando aún hacemos camino.
Y voy a honrar las fiestas porque estas se celebran para santificar el pulso de la vida con el vino que nos alegra y no con la sangre que nos denigra.
Y bailaré, porque la danza es una de las formas rituales de la oración donde, de paso, a la pareja se adora.
Participaré del júbilo del carnaval, pero sin olvidar la Cuaresma.
Si bien en un principio me rebelé contra padre y madre para hacer la vida a mi arbitrio, retomaré su ejemplo para seguir la senda que me trazaron, ya que la mía no condujo a ninguna parte, así hayan sido múltiples los insanos placeres topados en contravía de los que la poesía me salvara.
No he de robar, Señor, ni oro ni plata ni mujeres ni honras, porque todo lo tengo en los libros de los que me tienes colmado, en la mujer y los hijos que con belleza y ternura amueblan mi alma, en los platos que me pones sobre la mesa y ellos solos se van llenando, y en las palabras que me soplas en los oídos de greda.
Y porque desde que ando sin cinco no me falta nada.
Dejé de sentirme con mis amigos el centro del mundo, y con ello no perdió nada el mundo ni perdimos nosotros,
como nada perdió la Tierra cuando Copérnico impidió que el Sol continuara girando a su alrededor.
Prometo no mirar azuzado por el demonio del mediodía para gozarme con la malicia a la mujer del más prójimo por más piernas de Miss Universo que tenga, así ella me estuviere mirando con similares intenciones.
Solo el Diablo, del que muy pocos dudan de su existencia, se quedará con los crespos hechos cuando me sorprenda en palique contigo y se dé cuenta de que queda roto nuestro contrato.
No estoy de vuelta a tus plantas, Señor, para acreditar la rogativa que voy a hacerte. Ya desde hace varios años que vengo en tu coqueteo.
No hubiera vuelto a Ti los ojos de no haber resultado digno de ello.
No se trata de una conversión, sino de una proclamación de tu gloria desde lo que fuera mi corazón de blasfemo, y es allí donde está la Gracia.
Aunque sé que todo lo puedes, lo que voy a pedirte no es imposible.
Toda esta es mi promesa, recibir tu palabra y de ella revestirme para cumplir con las que me dictes, Señor,
y en su cumplimiento te va este pedazo de mi alma donde desde ahora, y espero que por siempre, el Demonio haya perdido su potestad.
Cuando se supo que R. H. Moreno Durán se encontraba ad portas mortis, el alma de su amigo filósofo Rafael Gutiérrez Girardot, quien acababa de publicar El Anticristiano, le escribió un mensaje triste y de una sinceridad algo insólita, donde le confesaba que había vuelto los ojos a Jesucristo con la esperanza de orarle por su salud y que su rogativa pudiera ser acatada.
Aunque le llevaba 20 años, Gutiérrez rebosaba salud y a pesar de ello, tal vez por la vehemencia expresiva y el tardío arrepentimiento, decidiste llevártelo seis meses antes que al maldispuesto, quien al pavor del anuncio tuvo que agregar el dolor por la desaparición de su ídolo.
Y sospecho que cuando Yiyo terminó de escribir Las claves de Melquíades encontró el arcano que le permitió inmolarse por Gabo.
Los designios del Señor son inescrutables.
El clamor
A pesar de antecedentes no tan lejanos y no exentos de escalofrío, te planteo mi rogativa: que preserves la salud y la vida de Óscar Collazos.
No dejes a mi alma sin su amigote. Él es mi hermano, Señor. Es uno de tus hijos más justos, valientes y consecuentes, poeta de dos océanos, abogado de tus criaturas.
Es uno de los grandes hombres de pluma y de palabra que pusiste en Colombia como compañero en el viaje de nuestra vida.
Su vida ha sido una aventura por el mundo, que ha hecho suyo con ideas y con palabras, con libros y con polémicas, con denuncias y galanteos.
La vida y la razón que me diste y que hoy te agradezco, Señor de los señores, no me hubieran sido tan gratas de no haberme encontrado con este loco. Porque yo también estoy loco. Se necesita estar muy loco para hablar contigo de tú a Tú. Y perdona la confiancita.
Tenle paciencia, como él la tuvo siempre contigo.
Actuando como un rebelde a la manera de Camus, con quien siempre lo equiparé.
Todavía tiene casi toda su biblioteca por leer, casi todo su bar por paladear, casi toda esa obra literaria que le dictas por escribir, y casi toda su espléndida mujer por acariciar.
Tú no le quitarías la torre del Reloj a Cartagena de Indias. Así no sea.
Amado Óscar Collazos, no estás solano. Ventura de la buena te deseamos.
Sabemos que la enfermedad es el mal y el mal, el Maligno, y si este no sale con las medicinas del sabio, debe salir con la palabra del taumaturgo: “¡Retírate, Satanás!”.
Tú, que nunca tuviste muda tu máquina de escribir, levántate y habla.

JOTAMARIO ARBELÁEZ

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